Marc Augé, decide comenzar su libro "Los no lugares, espacios del anonimato", con un prologo que habla de un sujeto x, al que lo llama "Juan Pérez", en el cual relata un día de viaje en avión, comentando una suma de pequeños relatos y descripción de lugares, por los que va transcurriendo el protagonista, a lo largo del "cruce" del Mediterráneo.
El autor es etnólogo y trata de explicar a qué se refiere ésta profesión: "El etnólogo en ejercicio es aquel que se encuentra en alguna parte (su aquí del momento) y que describe lo que observa o lo que oye en ese mismo momento." A diferencia de la antropología, que siempre ha sido una antropología del aquí y del ahora, la etnología siempre supone un testigo directo de la actualidad presente. El antropólogo que tiene y que debe tener intereses históricos no es, sin embargo, un historiador, los procedimientos y objetos de los antropólogos son trabajos de historiadores, pero éstos corresponden al pasado y se consideran estudios de documentos. La etnología se trata en efecto, de saber lo que nos dicen aquellos a quienes hablamos y vemos acerca de aquellos a quienes no hablamos ni vemos.
De los lugares a los no lugares.
La modernidad no borra los lugares, sino que los pone en segundo plano. Son como indicadores del tiempo que pasa y que sobrevive. La modernidad en arte preserva todas las temporalidades del lugar, tal como se fijan en el espacio y la palabra. Hipótesis: "Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, racional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como racional no como histórico definiría un no lugar".
- Un lugar existe igual que un no lugar: no existe nunca bajo una forma pura; allí los lugares se recomponen, las relaciones se reconstituyen, las "astucias milenarias" de la invención de lo cotidiano y de las "artes del hacer"son polaridades falsas, el primero no queda nunca completamente borrado y el segundo no se cumple nunca totalmente
- Los no lugares son la medida de la época, medida cuantificable y que se podrá tomar adicionando, después de hacer algunas conversiones entre superficie, volumen y distancia, las vías aéreas, ferroviarias, las autopistas y los habitáculos móviles llamados "medios de transporte" (aviones, trenes, automóviles), los aeropuertos y las estaciones ferroviarias, las estaciones aeroespaciales, las grandes cadenas hoteleras, los parques de recreo, los supermercados, la madeja compleja, en fin, de las redes de cables o sin hilos que movilizan el espacio extraterrestre a los fines de una comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de sí mismo. De este razonamiento surge su concepto de tiempo y la relación que éste tiene con la identidad. En pocas palabras, la superabundancia de hechos presentes se deriva la dificultad de poder darle un sentido a nuestro pasado más inminente. La causa, principal, de esa saturación de sentido del presente corresponde a la sobre modernidad, como Augé la denomina.
- La distinción entre lugares y no lugares pasa por la oposición del lugar con el espacio: los medios de transporte y de comunicación nos llevan en forma súbita a las realidades más lejanas. Una producción de imaginarios simbólicos que llevan a lo que el autor llama "la superabundancia espacia del presente".






